domingo, 18 de mayo de 2014

La tierna generosidad de los niños

Sigo con mi promesa de colgar todas las semanas un vídeo positivo: un spot que cumpla estas tres condiciones: 1) Que haga pensar; 2) Que aporte optimismo; 3) Que muestre que lo comercial es compatible con la ética. En definitiva, un anuncio que pueda inspirar y ayudar a ser mejores. Hace dos semanas, coincidiendo con el día de la Madre, puse el anuncio de "Los tres deseos"; y hace tres, el de "La entrevista para el trabajo más difícil del mundo". En el de hoy, una niña de 6 años nos roba por entero el corazón y nos enseña a amar...

La mayoría de los anuncios nos hablan de ideales muy teñidos de egocentrismo: nos animan a triunfar, a seducir, a llevar una vida cómoda; cifran la felicidad en ser admirados o deseados; en tener o en disfrutar. Éste que hoy os ofrezco no habla nada de todo eso. Habla de generosidad, de entrega, de dar lo mejor que tenemos -de darse, más que de dar-, y de sentirnos bien queriendo a los demás. Sobre todo, habla de la inocencia de los niños, de esa aspiración que todos debiéramos sentir por volver un poco a nuestra infancia. Y, allí, aprender a ser mejores.

Este anuncio fue realizado en Barcelona por la agencia Bassat & Ogilvy para la Asociación AFANOC (Asociación de Familiares y Amigos de Niños Oncológicos de Cataluña), y recibió un merecido galardón en el Festival Internacional de Cannes en el año 2003.

A mí me alegró que lo premiaran. Porque es bueno que la publicidad diga también esto: “Hay más alegría en dar que en recibir. Y este mensaje no lo oímos demasiadas veces en la publicidad.

2 comentarios:

  1. José Carlos Martín P.19 de mayo de 2014, 19:53

    "Para entrar en el Reino de los Cielos habremos de ser como niños", sentenció Cristo.
    Y es que con la mirada tierna, limpia e inocente de un niño, las cosas más hondas, profundas y divinas llegan el alma e impregnan la vida, la conducta, los deseos y las perspectivas de la persona.
    "Dejad que los niños se acerquen a mÍ", dijo también cuando, llenos de buena intención, algunos pretendían que no molestasen al Maestro, obstaculizando el paso de unos niños hasta Él.
    Solo si somos como niños, aunque humana, social y pragmáticamente eso esté mal visto o equivalga a haber fracasado en la vida, al alma descansará en la paz de una inocencia (que nó ignorancia), solo privativa de quiénes, venturosamente, desprecian o echan a un lado los triunfos sociales, económicos y de cualquier otro orden, delante de todo lo cual se sitúa el amor a Dios.

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