domingo, 25 de septiembre de 2016

La alegría de ser madre

En las noticias, en las películas, en las series o en los documentales que veamos a diario se percibe un empeño sibilino de presentar a las mujeres embarazadas como infelices.

En esas historias parece como si las madres no quisieran ya ser madres, como si el hijo que llevan en las entrañas fuera siempre un error de cálculo y no lo más frecuente: fruto del amor. Parece como si tuvieran que pedir permiso a la sociedad por traer al mundo a una nueva criatura… Y, lo que es peor, como si tuvieran que esconder su felicidad y su deseo, libre y maravilloso, de volver a ser madres.

Respeto todas las decisiones libres de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. Las respeto cuando realmente son así, libres: sin presiones sociales o del entorno laboral, sin coacciones de la familia o de la pareja. Pero me reservo el derecho a elogiar lo que considero más altruista y generoso.

El spot que he seleccionado para esta semana es un canto a la maternidad. Un canto a la vida que está por nacer, un canto a la generosidad y al amor de las madres. No se oculta, en estas escenas, los agobios que todo embarazo conlleva: mareos, sofocos, debilidades. Pero, junto a ello, aparece siempre el firme propósito de una madre de dar lo mejor de sí misma. El anhelo de buscar el afecto y la felicidad, un sentimiento de plenitud que, de forma natural, se transmite también al marido y a los hijos.

Son preciosos los pensamientos de esas madres embarazadas que están pensando en su familia y en su futuro hijo: “Me encanta estar en forma, me encanta mirarme..., me encantan los desafíos, me encanta mi libertad...”. Y, sobre todo, Me encanta ser mamá....

Pienso que ahora, más que nunca, es un buen momento para volver a ver este inspirador anuncio. Feliz comienzo de curso para todas las madres.

En "El Principito", de Mark Osborne, lo esencial se hace visible a los ojos

(JUAN JESÚS DE COZAR).- Adaptar una obra maestra tan sensible como “El principito” es una tarea delicada. Lo hizo Stanley Donen sin mucho éxito en 1974, y posteriormente se han producido algunos otros intentos orientados sobre todo a la pequeña pantalla. Consciente de la dificultad, el realizador Mark Osborne (Bob Esponja, Kung Fu Panda) ha sabido tomar la distancia adecuada para no traicionar el alma del cuento del escritor francés, y el resultado es magnífico.

Irena Brignull y Bob Persichetti han elaborado un original guión cuyo corazón es la obra de Saint-Exupéry. Algo así como un brillante envoltorio para una joya que no conviene manosear; o como el fanal que el principito coloca a la rosa para que no se marchite. Esa historia envolvente es la de una niña que vive en un mundo adulto, en una ciudad donde todo está organizado al milímetro. Su madre, que trabaja incansablemente, quiere preparar a su hija para que “triunfe” en esta sociedad cuadriculada, desagradablemente seria y triste. Claro que no contaba con la influencia del extravagante vecino, un antiguo aviador que envía a la niña hojas de un cuento que está escribiendo. Naturalmente…, “El principito”.

La alta calidad de la animación utiliza texturas diversas para distinguir la película del cuento. Una opción que quizá despiste a los más pequeños pero que capta fácilmente la atención del espectador por la gran variedad de escenas que ofrece: muchas divertidas, otras de acción y algunas de gran emotividad. La música del oscarizado Han Zimmer redondea el conjunto de una cinta que se disfruta de principio a fin.

La versión original, siempre más recomendable, ha contado con voces de actores tan conocidos como Jeff Bridges, Rachel McAdams, Marion Cotillard, James Franco, Paul Giamatti o Benicio Del Toro.

Vale la pena acercarse a ver esta versión de “El principito”, que sí pasará a la historia del cine y que además contiene elementos educativos de gran interés: el cuidado de la naturaleza, el optimismo, la valentía, la preocupación por los demás, el fomento de la creatividad, la flexibilidad en las relaciones… Y, por supuesto, el amor a la lectura. De modo que la visión del film puede ser también un aliciente para volver a deleitarse releyendo el cuento original, recomendarlo a los más jóvenes, y redescubrir que “lo esencial es invisible a los ojos”.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Un pimentero para comunicarse en familia

En este blog hemos comentado varios spots que muestran la conveniencia de moderar el uso de las nuevas tecnologías. La campaña "Desconectar para conectar" mostraba un mundo lleno de aparatos tecnológicos, una vida llena de intercpmunicaciones... y de seres humanos incomunicados. Y "Look up", el vídeo de un profesor de antropología, animaba a levantar la vista (del teléfono móvil) para ser capaces de mirar el mundo que nos rodea: las personas, la familia, los verdaderos amigos.

El problema, como sabemos, se agudiza en el contexto de la comunicación familiar. Muchos padres y madres han experimentado en sus carnes lo difícil que es reunir a los hijos para la cena cuando están concentrados en sus smartphones, en sus tablets, o viendo una serie en el televisor.

Dolmio, una empresa australiana de salsas para pasta, ha decidido poner remedio a esta situación. Para ello han creado un curioso pimentero que, con un simple giro, apaga todos los dispositivos electrónicos en varios metros a la redonda. Convencidos del éxito que tendría, lo regalaron a varias madres australianas y grabaron las reacciones con cámara oculta. El resultado fue mucho más eficaz y sorprendente que el que habían esperado. Las reacciones iniciales fueron explosivas, sobre todo en los adolescentes ("¡¡¡Se ha desconfigurado mi smartphone!!! ¡Estoy perdida...!"). Pero, casi inmediatamente, las comidas empezaron a ser gratas y enriquecedoras reuniones familiares donde todos tenían algo que contar, y todos aprendían también a escuchar a los demás.

Esta campaña ha requerido el trabajo conjunto de varias agencias: Clemenger BBDO Sydney, Pollen, Starcom y Ogilvy PR. El resultado es este divertido vídeo, que retrata la situación de muchas familias -no sólo las australianas- y que deja patente el problema de comunicación que existe en muchas casas. ¡Cuántas madres quisieran hacerse con un pimentero así...!

sábado, 10 de septiembre de 2016

El amor es ingenioso

Una vez oí esta expresión en labios de una persona sabia: "El amor es ingenioso". Con el tiempo, he podido comprobar la profunda verdad que encierran esas palabras.

Cuando alguien siente un verdadero afecto hacia otra persona (el marido hacia la mujer, la mujer hacia el marido; un amigo hacia su amigo, hacia su padre o su hijo) la inteligencia se agudiza, la imaginación se explaya. El amor da alas a la memoria, al ingenio y a la prudencia. Y se sabe cómo acertar, cómo agradar al otro.

En la historia que nos narra este spot, una mujer cualquiera que pasa por la calle se siente movida por la triste situación de un vagabundo. Su amor le lleva a ver lo que otros no ven, a calar en una situación lamentable que a otros les pasa inadvertida. Pero no sólo se percata: el amor, que es ingenioso, le lleva a dar con la clave para solucionar la indigencia de aquel hombre.

Cuando el afecto se enriquece con la imaginación, ¡qué energía tan grande se libera en nuestras mentes!, ¡qué capacidad descubrimos en nosotros para resolver los problemas de los que amamos!

En este anuncio descubrimos también el inmenso poder de las palabras. Con ellas podemos herir, difamar, destrozar, aniquilar la reputación de alguien... y también llevar a cabo las acciones más elevadas: alabar, educar, compartir, comunicar, instruir, ayudar, deleitar, dialogar... Y, sobre todo, amar. ¡Qué importante es que el amor se exprese también en las palabras, que sepamos siempre usarlas en beneficio de los demás!

viernes, 9 de septiembre de 2016

"Blanka": La niña que quería comprar una madre

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- Que una película lleve como título un nombre propio es siempre una declaración de intenciones. Además de señalar al espectador en qué personaje se centrarán los conflictos y el arco de transformación, le avisa sobre el punto de vista narrativo elegido para el relato. En este caso, el de una niña de 10 años llamada Blanka –la elección del nombre no es arbitraria– que malvive en las calles de Manila. Abandonada por su familia, sale adelante mediante pequeños hurtos y las limosnas que recibe. A raíz de una noticia de televisión se le ocurre una gran idea: ahorrará dinero para “comprar” una madre.

Esta premisa argumental va a permanecer como fondo de toda la historia que nos cuenta “Blanka”, una cinta que han coproducido tres países: Filipinas, Italia y Japón. Con gran sensibilidad, el director japonés Kohki Hasei nos entrega un film de corte social, conmovedor y realista, pero ha puesto mucho cuidado para evitar la seca dureza que pudiera traicionar el mencionado punto de vista infantil.

La labor de casting es todo un acierto. A la pequeña Blanka da vida la filipina Cydel Gabutero, que borda su papel como “niña de la calle” y nos sorprende además con su preciosa voz. Le acompañan Peter Millari (Peter), un auténtico músico callejero, y el niño Jomar Bisuyo (Sebastián). Con ellos mantendrá Blanka las conversaciones más emotivas, impregnadas de un lirismo aparentemente impropio de estos “perros callejeros” –así se autocalifica uno de los personajes–, pero indicativas del buen corazón que los tres poseen.

Con ellos recorreremos los suburbios de Manila de día y de noche, con sus luces y sus sombras. Encontraremos seres desvalidos dispuestos a ayudar y gente mezquina, bienestar y miseria, calor de hogar y abandono… De manera fugaz pero evidente se menciona también la labor de las religiosas con los huérfanos de esa gran ciudad. La cálida fotografía de Takeyuki Onishi contribuye sin duda a materializar este cúmulo de sensaciones y brilla especialmente en las escenas nocturnas.

Doblemente premiada en el Festival de Venecia 2015, y galardonada también en los Festivales de Friburgo y Kolkata, esta sensible y oportuna película se estrena en España el próximo 23 de septiembre.